José Manuel Ciria

PARA DOMINAR LA DUERMEVELA, HAY QUE SER UN “SOÑADOR EXPERTO” Y SABER QUÉ SIGNIFICA ESTO Leía recientemente que la obra en infinidad de facetas conforma la mirada del espectador. No importa tanto por quién fuera ejercida la influencia, sino el resultado de la confrontación de pinturas y pareceres. Si para el artista, los ojos sirven para comer, todo aquello donde se deposita nuestra mirada puede servirnos de “nutriente”. Será posteriormente en una especie de catarsis donde el artista nos vomite encima aquello que su estomago ha conseguido “elaborar” en un complejo y subjetivo proceso de digestión. Si la “comida” ha sido asimilada, la digestión ha resultado placentera, hemos conseguido acompañar posteriormente a nuestro bocado de algún licor que facilite el no sentirnos pesados, y hemos podido exhalar el lastre de “gases”: supuestamente, conseguiremos ofrecer algo que merezca la pena ser contemplado. El arte como curador de patologías, como resto del naufragio, como salvavidas azaroso… En pintura, no existe la casualidad de llegar al mismo lugar de forma simultánea, a no ser que exista una intención de que aquello suceda. Luego debemos forzosamente hablar de un marco de influencia, de apropiación, de copia…, -pero quién copiaba a quién en aquel singular instante del cubismo analítico, Braque a Picasso, o Picasso a Braque. Quién llegaba primero a aquellas composiciones reduccionistas y geométricas de las Odaliscas finales, Matisse o de nuevo era Picasso-; o bien debemos hablar de una especie de acuerdo, de guiño, de complicidad… Había quedado con unos amigos, -de esto hace ya tiempo- cuando acompañándoles se acerco a mi taller de Madrid, José Miguel Roy Anglada. De forma inmediata, el resto de conversadores se perdieron en sus propias disquisiciones, mientras Roy centraba sus palabras en torno a sus preocupaciones sobre la pintura, sobre lo que observaba en mi taller, las últimas exposiciones visitadas, sobre este y aquel artista. También sobre nuestra propia vida. Sin darnos cuenta, hemos seguido en la misma conversación seis o siete años. Roy, abrupto en su vida y por tanto en su pintura, compañero de difícil manejo, es capaz de entregarse a la amistad de forma indeleble, supuestamente por eso somos amigos, los mejores amigos, aunque en ocasiones intentemos denodadamente comportarnos de forma contraria a lo que dicho vocablo significa. ¡Culpa tuya, (seguido de un fuerte y cariñoso insulto)!, atajamos habitualmente para dar por concluidos los conflictos que siempre queremos hacer pequeños. El pintor es a su vez espectador, y por tanto, lo que observamos en nuestro entorno, los trabajos de nuestros compañeros y, nuestra propia obra, van conformando nuestra mirada. Roy, con lapsos esquivos, siempre le ha dado a esto de las brochas y los pigmentos. Siempre ha estado buscando y buscándose en esto de la pintura. Quien haya tenido la oportunidad de seguir sus pasos durante estos últimos años, habrá podido observar como el crecimiento de Roy Anglada ha sido exponencial. De una fase un tanto titubeante en lo formal y en las intenciones, ha conseguido ir depurando, destilando, una pintura que rezuma corrección, interés, sorpresa, ansia por ver lo siguiente…, siempre en su volcada inercia hacía el expresionismo abstracto, que como toca en este momento, incluye la ambigüedad en ocasiones del arrastre de elementos veladamente figurativos. Varios elementos/manchas, habitualmente blanquecinos sobre fondos oscuros, o bien su negativo, se ven interrumpidos por una línea transversal que genera un doble espacio, -a mi memoria acude la composición de Monet, “Los cuatro árboles”, pintado en Giverny en 1891 en un formato inusualmente cuadrado, y que hoy se conserva en el Metropolitan-. Ese doble espacio superior/inferior de Roy, puede recrear perfectamente la composición a la que aludo del maestro del impresionismo, puesto que si girásemos dicha obra 180 grados, podríamos observar que el “reflejo” son ahora los árboles y los árboles son su reflejo, obra fascinante, que bien podría inaugurar la abstracción geométrica. Pero antes de llegar a este punto, tenemos una pequeña anécdota: Roy me envía una imagen por e-mail. -¡Que sorpresa!-. Toda aquella obra observada durante el verano que no terminaba de cuajarse, se ha condensado y resuelto, al parecer en la “duermevela”, produciendo una obra singular de especial intensidad y belleza. Inmediatamente a mi memoria acudieron las pinturas primeras de Twombly, o una suerte de negativo de Franz Kline, pero no, allí había algo más, cierta sutileza, formalmente próxima si queremos a la pintura gestual de los artistas mencionados, pero que incluía algo mucho más contemporáneo: esa quimera actual de pintar simultáneamente y en el mismo plano lo abstracto e informe, a su vez, con una posibilidad de lectura figural. Reflejos. Inmediatamente, repliqué a mi amigo: ¡José Miguel, esta es la vía, lo que estabas buscando, dale caña! Demos por sentado que mi observación de aquel trabajo, de aquellos “reflejos”, abre la serie de Roy “Ideas en duermevela”, -recurrente, amigo mío, lo de la duermevela-, y que estas pinturas, por tanto, pueden ser “leídas” de forma que en el plano superior asistimos a una disposición de elementos abstractos/manchas, que por medio de la línea horizontal que interrumpe el desarrollo compositivo, generan unos reflejos sobre un suelo de espejo, de cristal, de agua, que nos devuelven una visión completamente distorsionada de dichos primeros elementos. Alicia, a través del espejo, vive en un mundo parecido al suyo pero donde todo se ve modificado de forma superlativa, y también la paradoja, que cuanto más queremos ser nuestro reflejo, más nosotros somos. Sirvan estas ideas para una posible reflexión sobre los conceptos que las pinturas de Roy encierran. ¿El reflejo de una realidad distinta? ¿Inconformismo, crítica, impotencia ante el marasmo…? Otra posibilidad evidente, es que los elementos compositivos pertenezcan a un mismo plano, en cuyo caso la línea, trazo, brochazo interrumpidor, pueda observarse como una tachadura, que al mismo tiempo niega la composición y la reafirma. Esta idea de afirmación/negación simultánea brinda otra forma de acercarnos a la obra, en donde las manchas que generan la composición crecen y se colapsan por dicha singladura horizontal que tensiona todos los trabajos de la serie. Y si de tensión debemos hablar, no podremos omitir la crudeza y la visceralidad inmersa en dichas pinturas. Creo que estas dos vías de aproximación a la obra de Roy, la posibilidad de “leer” en dos planos y observar la parte inferior como reflejo de la superior, o bien, la idea la disposición de elementos verticales tachados, abren un interesante campo reflexivo alrededor de su trabajo. Unidas a lo que antes mencionaba del vértigo que estas pinturas nos provocan ante la posibilidad certera de descubrir elementos figurativos ocultos tras la mancha. Las pinturas, en estos meses han ido multiplicándose, bajo esa idea y obra primigenia hasta convertirse en una serie absolutamente contundente, que sin duda se configura como lo mejor que ha producido Roy hasta el momento. Y que permite además aventurar las puertas abiertas y nuevos derroteros por donde su obra va a transitar. Mayor consistencia y vigor, mejor resuelto y más atinadamente…, son calificaciones que se me ocurren al observar la obra última de mi amigo Roy.